JUANITO, “EL DEL CARILLO”, semblanza de Juan Ortíz de Zárate Marquínez

Juan Ortíz de Zárate Marquínez nace en Betoño en el año 1928, en la Casona o Palacio, en el seno de una familia de 7 hermanos.

Después de la Guerra, en 1940, comenzó la venta ambulante de “Bombas de Abisinia” que hacía Petra, su madre, en su casa de la calle Zapatería nº 2.Estas bombas las había visto hacer Juanito a una señora de la entrada de la Correría y después él se lo dijo a su madre. Pasados unos años se fue ampliando el negocio con otros artículos, chicles, caramelos, regalices… que compraba en la Confitería Jiménez, ubicada en el nº 3 ó 5 de la Zapatería, enfrente de donde vivía.

En estos primeros años los clientes más habituales eran los “soldaos” entre los cuales siempre había algún “listillo” que intentaba irse sin pagar pero que eran “vigilados” muy de cerca por Juanito o por alguna de sus hermanas.

Así mismo, la familia atendía un carro de Helados en verano y otro de castañas en invierno que desaparecieron cuando el abuelo Paco, padre de Juanito y mecánico en la Panificadora Vitoriana, hizo el primer “carro” , muy sencillo, para poder vender golosinas por la calle, bien en la Plaza de “Los Arcos” o Plaza de España y en la Plaza de la Virgen Blanca.

La máquina de los Helados se la vendió Juanito a Helados Casa Quico. El “carro” lo atendían tanto él como sus hermanas, Mª Jesús o Antonia y no teniendo más de 14 años. Aparte de esto iban a la escuela y Juanito también cantó en la Escolanía de Tiples.

El primer carro junto con el de los helados y el de las castañas, los guardaban en el campo de Los Sogueros, muy cerca de la actual Fuente de los Patos, en una lonja al lado de donde hacían alpargatas. También en esta lonja se guardó el último carro que todos hemos conocido hasta que los padres de Juanito se fueron a vivir a la calle Badaya y a partir de ese momento el carro se guardó en un local de la calle Aldave. Pasados unos años Juanito compró una lonja en el nº 19 de la calle Zapatería, con lo cual le resultó más cómodo el ir a buscarlo y guardarlo.

Por las fiestas de Armentia, Juanito subía con el carro, acompañado de su mujer o de su cuñada, ya que se arremolinaba mucha gente alrededor del carro y había que estar atentos. Bien repleto de toda clase de dulces, frutos secos, chicles, caramelos, regaliz de palo y regalices rojos y negros, pipas de girasol y de calabaza, bolas de anís, torpedos, pastillas de leche de burra, bombas, tortas y pirulís, estos últimos de fabricación casera.

La abuela Petra fue la inventora de los pirulís o “coreanos”. Hacía el caramelo al que echaba una esencia de limón y lo vertía en cucuruchos de barquillo. Estos cucuruchos estaban metidos en unas bandejas con agujeros. Estando aún caliente el caramelo le metían el palo, que también hacía el abuelo Paco y los dejaban enfriar. En un principio el cucurucho era de papel.

En los últimos años las bombas se las compraban a “La Juanita”, la de la calle Dato y las tortas a un señor que las hacía en la calle Cuchillería.. El resto de dulces los compraban en Goya o Arrilucea. Los cacahuetes y frutos secos en “La Brasileña”.

Juanito fue el primero en Vitoria que introdujo las pipas “Facundo” , traía un camión cada semana. Se paraba en la cuesta, enfrente de Calzados Avelino, hoy la Pizzería y a descargar. En cierta ocasión, el propio Facundo vino en persona a estar con Juanito. A partir de ese momento cada vez que venía a los toros por Fiestas de La Blanca, le traía un puro.

Tampoco faltaban los pequeños juguetes y baratijas: tabas, alfileres de colores, cromos para niñas, trompos, canicas que no vendía a los niños pequeños para evitar que se las tragarían, carracas, caretas, trompetas, espadas, pistolas de pistones, pistolas de agua, bastones, gafas de sol, pelotas, molinillos de viento, ruedas giratorias con mango…… las bolsas sorpresa, globos, álbumes y cromos de las colecciones del momento y toda una variedad de artículos, que compraban a un representante que venía de Valencia.

En el año 1957, con 28 años, abre la tienda en la calle Zapatería, nº 7, como CONFITURAS J. Ortiz de Zárate ARTICULOS INFANTILES o también llamada la “tienda roja”. En este mismo año se casa con Conchi de la Fuente y atienden al público tanto el matrimonio como su cuñada Maruchi y una dependienta.

En el año 1972 estrenan el puesto fijo en la Pza. de España.

El 18 de julio de 1993 se retiran del negocio, cerrando la tienda y el “carro” por jubilación, teniendo Juanito 67 años. Grúas Ibisate demolió el “carro” por voluntad propia.

Tanto para la venta ambulante como para la tienda pagaban el impuesto municipal correspondiente e incluso el enganche de la luz para su ubicación bajo los arcos de la Plaza. En los primeros tiempos tenían que ir todos los días al primer piso de la Plaza de Abastos para sacar “la papeleta”, es decir pagar el impuesto. Los Guardias Municipales eran los encargados de comprobar que cumplían con la normativa.

Almacenaba grandes cantidades de todos estos productos porque era un hombre con una gran intuición y sabía que iba a dar salida a todo este material. Todo este “arsenal” lo guardaban en la trastienda y en pequeñas lonjas que Juanito fue adquiriendo, nº 9 y 14 de la Zapa, próximas a la tienda.

Era curioso ver cómo se alternaba la venta de diferentes productos en épocas determinadas del año: canas, trompos, cromos, tabas, tiras de plástico de colores para confeccionar llaveros, las combas, hula hop, abanicos, etc …eran los propios representantes los que “recordaban” estos juguetes e introducían las últimas novedades. Por ejemplo, aquello que había tenido éxito en las fiestas de Pamplona, automáticamente lo ofertaban en Vitoria. También se vendían bombas y petardos, sobre todo en las Fiestas de Vitoria y en las de las Fiestas de Calle de las Vecindades, hasta que quedó prohibido por Orden Gubernamental e “hipso facto” los dejó de vender.

Como dato curioso podemos decir que allí por la década de los 60, un chicle Bazoka, valía una peseta y que también por una peseta se podían comprar 10 torpedos, que era un trozo de regaliz recubierto de una pasta azucarada de diversos colores.

En relación con la venta de cromos de aquellas primeras colecciones: Películas de éxito como El Cid, Las Diez Mandamientos….., temas diversos como Las Cruzadas, Naturaleza, Ciclismo, Fútbol… Juanito fue el que instauró el cambio de cromos en la Plaza y aún continúa esta costumbre.

Una época buena de venta eran los días anteriores a la Fiesta de Santiago ya que al existir la costumbre de “feriar”, pues había muchas ventas. Una vez perdida esta costumbre, unos se quedaron sin vender y otros muchos sin recibir nada.Fiestas de La Blanca, Navidades, Reyes y cualquier acontecimiento que hubiere eran muy buenos momentos para vender.

Aparte de la venta en la tienda y en el carrillo, también se dedicaban a vender a pequeñas tiendas de los barrios y a otros vendedores como ellos, el “Coli Coli”que vendía sus barquillos en La Florida y su mujer con una gran cesta, vendía sus productos a la entrada del cine de “Jesús Obrero”, “Marcos” que también hacía barquillos en la lonja que tenía en el cantón de San Francisco Javier, antes de llegar al Hospicio y tenía puesto en la entrada a la Plaza de Abastos en la confluencia de la calle Los Fueros e Independencia, “El Aceitunero” y “Cristina” que tenía tienda en el barrio de Abechuco.

La competencia más directa la tenían en el “otro” carro” que también estaba en la Plaza y que no era otro que el de Albisu o más conocido por “Parrapa”, que también tenía tienda en la calle Correría, hacia el nº 35.

Los excedentes de cada temporada se guardaban para la siguiente y si no tenían salida se utilizaban para hacer sobres sorpresa junto con otros productos.

TRABAJO EXIGENTE

Este tipo de negocio “exigía” dedicación plena, para lo cual no les quedaba otra que alternarse entre la familia. Hombre trabajador como ninguno, no contemplaba la necesidad de descansar, al menos él, ya que disfrutaba trabajando y quería que a los demás también les gustase esta forma de vida. Tal fue su dedicación, que la primera fiesta que se guardó Juanito fue a los 25 años de casado. Le gustó la experiencia y a partir de entonces ya se iban de vacaciones cada año.

Los pocos momentos que no trabajaban era cuando nevaba, ya que no podían sacar el carro y entonces eran felices.

Era un negocio tan familiar que para sacarlo adelante han trabajado mucho, mucho todos los miembros de la familia, Juanito el primero, su esposa Conchi y su cuñada Maruchi y también sus hijos, Inmaculada, Juan José y Patxi, para los cuales la tienda era su ……. cosa(recuerda su hija mayor que se ha criado en una caja de cartón, detrás del mostrador) y han crecido compaginando su trabajo en la tienda con sus estudios que gracias a Dios, Juanito su padre, siempre priorizaba.

Datos facilitados por su esposa Conchi, su hija Inma y su hermana Antonia.

Autor: Luis Santiago Garamendi Pérez

PATXO EN NUESTRO RECUERDO

Foto cedida por Olga, de Hijona

Foto cedida por Olga, de Hijona

Queremos aprovechar este espacio para recordar la figura de nuestro compañero y amigo Francisco Fernández de Jaúregui, Patxo, fallecido hace casi dos años.

Foto de participantes en el curso de campaneros de Elburgo. Cedida por Olga Moraza

Foto de participantes en el curso de campaneros de Elburgo. Cedida por Olga Moraza

Patxo fue miembro del Seminario Alavés de Etnografía y durante dos décadas centró su investigación en el estudio de las campañas de los edificios religiosos alaveses.  Realizó un completo inventario, incluyendo fotografías, analizó las inscripciones que figuran en cada una de ellas, recogió datos etnográficos y la documentación histórica de cada campana.  Todo ese material se ha ido añadiendo al Catálogo Monumental de la Diócesis de Vitoria.

Os invitamos a leer este interesante artículo escrito por Kepa Ruiz de Eguino y publicado en la revista Agurain Berri. Para acceder a él, pincha aquí

Ongietorriak

Con mucha ilusión, el Seminario Alavés de etnografía pone en marcha este nuevo proyecto, un nuevo canal para divulgar y compartir nuestro trabajo y conocimiento sobre etnografía. Se trata del blog etnografiaalava.wordpress.com

Nuestro objetivo es compartir el trabajo que llevamos a cabo desde el Seminario y también el de otras personas investigadoras que comparten con nosotras y nosotros el interés por dar a conocer y divulgar nuestras costumbres y tradiciones.

Intentaremos tener una continuidad en nuestras publicaciones (una mensual) y los textos se publicarán en el idioma en el que hayan sido redactados por sus autores/as.

Aprovechamos la ocasión para invitaros a colaborar enviándonos vuestros escritos.